PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE MARCOS ANA "DECIDME CÓMO ES UN ÁRBOL"

 


5 de Noviembre de 2009, 19:00h.

Teatro Federico García Lorca.

Sala de Conferencias.


 

"EL HOMBRE QUE PUSO VOZ A AQUELLOS QUE SE QUEDARON EN LA CUNETA",

por Irene Piedrabuena.

Marcos Ana, el hombre, el poeta

Marcos Ana presentó su libro “Decidme cómo es un árbol” en la Fundación César Navarro, a la que ya considera su fundación: “Ya estoy enamorado de esta asociación. Merece un homenaje haber construido este corazón cultural en la ciudad. Porque es muy necesario sobre todo para la juventud y para todos.”.

A sus 90 años de edad, es “El ejemplo vivo de la resistencia y de la salud espiritual, intelectual y moral, que tienen los hombres de ideas firmes. Los hombres que creen en las causas verdaderas”, a pesar de haber pasado 23 años en la cárcel, no le han mermado, afirmaba César Navarro, y es que Marcos es “un hombre joven de apariencia, dinámico e intelectualmente activo. Que siempre ha estado por encima de toda contingencia”. Un ejemplo para los demás, para la historia.

Marcos Ana, agradeció las palabras de César Navarro pero quiso aclarar que él no es un ser excepcional, sino uno más de tantos hombres y mujeres que lucharon por que España fuera un “país normal”. Por eso agradece que José Saramago en el prólogo de su libro escribiese que Marcos Ana en lugar de mirarse al espejo, lo rompe, para que en sus múltiples fragmentos se refleje el rostro de sus compañeros de infortunio. El poeta añadía que lo único que le diferencia de esas personas anónimas, a las que llama “héroes oscuros”, es el privilegio que él tuvo al salir de la cárcel, “la vida a mí me abrió los brazos”. 

Y desde que salió de la cárcel no ha dejado de luchar por recuperar su libertad perdida. Esa es una de las razones por las que no escribió sus memorias hasta ahora, las memorias de todos los que lucharon, por eso y porque reconoce que “era como un sonámbulo apresurado por el mundo y sin tiempo para nada”.

Ha recorrido toda Europa y parte de Latino América llevando el mensaje de “la España crucificada” y siempre con sus presos a cuestas, como relató  Nicolás Guillén tras un encuentro en Chile. Marcos sonríe al recordar esas palabras, porque sabe que ha sido así y que en cada homenaje, en cada congreso no era él sólo el que estaba allí sino que “el yo se trasforma en nosotros”.

Decidió escribir “Decidme como es un árbol” en 2007, cuando le empezaron a visitar nietos y nietas de fusilados que iban con retratos de sus abuelos a verle, por si había coincido con ellos. “Entonces, pensé: cómo es posible, que tras 30 años de democracia aún haya jóvenes que no saben lo que ha pasado en este país, incluso lo que ha pasado con su familia”. Y en sus viajes por el mundo, Marcos se ha dado cuenta de que la memoria histórica está más viva en otros países que en España “aquí hay muchos intereses por sepultar la historia, y sin embargo allí se sigue haciendo la apología de la lucha y de nuestro sacrificio”. 

Por eso escribió el libro, para contribuir  a la memoria histórica, “porque no podemos seguir arrancando esa tortura de la historia para que se la lleve el viento del olvido, hay que escribirla entre todos para crear entre unos y otros el gran mural de nuestra resistencia”. Advierte que él no quiere ningún tipo de revancha y con la mayor sinceridad posible afirma que la única venganza a la que aspira es “a que un día salgan triunfantes los ideales por los que hemos luchado; la venganza será el triunfo de nuestras ideas”. Y esa lucha Marcos la refleja al retratar un episodio que le contó su compañero Simón Sánchez Montero: “cuando estaba siendo torturado, el policía le preguntó, ¿Pero vosotros por qué coño lucháis? Y con toda serenidad Montero dijo: mire usted, yo lucho por una sociedad donde no puedan hacerle a usted, lo que usted me está haciendo a mí”.  Entre la conmoción de los asistentes el poeta afirma feliz, “así somos nosotros, esas son nuestras ideas”. Y con sus memorias está contribuyendo a difundir y a dar a conocer esas ideas.

Al año de salir de prisión, en 1963, Marcos fue a América Latina a Isla Negra (Chile), Valparaíso al encuentro con Neruda.

“Al ver a Neruda fue como haber encontrado a mi padre”. Estuvimos charlando hasta altas horas de la madrugada, y yo le conté las historias más tristes y más hermosas, es decir, como si hubiera encontrado a mi madre y sobre su regazo le contara todo lo que había vivido, había sufrido, y  todo lo que representaba para mí la vida. Y al retirarnos, él me dijo con su voz espaciosa: Marcos somos unos insensatos. Si hubiéramos colocado un magnetofón, ahora tendríamos un libro estremecedor. Y le dije Pablo no te preocupes si eso va conmigo, es mi vida algún día escribiré un libro y el me dijo: sí, ya lo sé, pero no olvides que hasta las cosas más humanas terminan mecanizándose. Y tú escribirás algo, pero te puedo asegurar que nunca tendrán el temblor que han tenido esta noche tus palabras.

 

Sabe ahora que su amigo tenía razón pero en esos momentos no podía pararse a escribir un libro, “tenía que luchar por los compañeros encarcelados”. El poeta confiesa  que el título del libro no es muy comercial.  Es el primer verso de un poema que escribió tras llevar 22 años encarcelados, “cuando me dí cuenta que ya ni soñando la libertad aparecía por ninguna parte, que la cárcel se impuso como la única protagonista de mis días y de mis noches. Cuando se me desdibujaban las realidades”. Recitó el poema,  en ese momento su voz cobró una fuerza y una firmeza sorprendente, y todos los asistentes se fundieron en un eterno aplauso.

La juventud, para Marcos Ana, es muy importante, él sabe que no tiene edad para ver el triunfo de sus ideales y por eso confía en las nuevas generaciones. “Yo confío en que las nuevas generaciones tomaran nuestra bandera y siguieran luchando por un mundo distinto, un mundo más humano y más feliz”.Además se niega a reconocer que los jóvenes sean sumisos, “lo que pasa es que luchan fuera de la política y tenemos que recuperar el crédito en la política, porque en un sistema democrático hay que sentar un régimen de partidos”.

Terminó su intervención leyendo el final de sus memorias, con una voz firme y cargada de energía.

Aplausos sin fin, y cada vez más altos. Los tertulianos muestran así su agradecimiento a Marcos Ana y a todos sus compañeros, por haber alcanzado esa dignidad y por seguir luchando, por hacer de este, un mundo mejor. Con lágrimas en los ojos y una gran esperanza: que la lucha continúe. 

“Yo siempre digo que la historia termina escupiendo sobre el recuerdo de los tiranos, y sobre sus tumbas solo aullaran los perros del olvido en cambio sobre los que cayeron por la libertad florecerán siempre las rosas del pueblo y vivirán eternamente en el pensamiento y corazón de las nuevas generaciones”.

 
             

“Tú eras el poeta de la cárcel. Eras el poeta por el que luchábamos los jóvenes para que salierais los presos. Siempre fuiste nuestra luz. Gracias”. Clemente.

 “Agradecerle que pusiera voz a aquellos que se quedaron en la cuneta. Gracias de todo corazón” Joven

 

IRENE PIEDRABUENA